Impactante. El paisaje lunar en la tierra, con esos paisajes plagados de formas extrañas, y cavernas naturales y artifícales. Allí donde la tierra del lugar, llamada tufa, ha dado al sitio esa característica que lo hace único, maravilloso y atrapante para el visitante que a cada paso y en cada rincón descubre nuevas cosas. Eso es Capadocia, la histórica región de Anatolia central, en Turquía, que abarca partes de las provincias de Kayseri, Aksaray, Niğde y Nevşehir. El territorio puede considerarse un círculo de cincuenta kilómetros de diámetro, donde la población no llega al millón de habitantes. Es por ese motivo que en muchos mapas, el nombre de Capadocia no es mencionado ya que no se trata de una demarcación política, sino de una región histórica.

Así es que, aprovechando el regalo que la geología les dio, los habitantes de la región construyeron refugios subterráneos que podían albergar a ciudades enteras. Estas ciudades subterráneas fueron construidas de varios niveles, por ejemplo, la ciudad de Kaymaklı tiene nueve subterráneos, aunque sólo cuatro de ellos están abiertos al turismo. De este modo, las construcciones eran equipadas con respiraderos, caballerizas, panaderías, pozos de agua, y todo lo necesario para albergar poblaciones enteras. De manera que, durante el cristianismo bizantino, algunas cámaras fueron adaptadas como templos y decoradas con frescos en las paredes de piedra. Algo que puede apreciarse al suroeste del valle de Göreme, sobre las paredes verticales de roca volcánica del río Ilhara.

Las cuevas pueden recorrerse sin problemas, dado que se encuentras equipadas y preparas para servir al turista con iluminación y flechas para evitar perderse en el intrincado recorrido subterráneo. Así, ya sea bajo la superficie o al aire libre, Capadocia no deja de sorprender, intrigar e impactar con sus formas naturales y por el uso que el hombre le dio a la geografía en el que le tocó vivir. La adaptación en su más viva expresión.

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