Alguien dijo que los viajes que más se disfrutan son aquellos que se hacen con una mochila al hombro, con el viaje abierto a lo que nos ofrezca el camino y sin prisas, disfrutando de cada momento y viviendo de la misma manera en la cual viven los ciudadanos del paÃs que visitamos.
El Tibet, por lo poco transitado que está turÃsticamente, es un destino proclive para vivir el paÃs de un modo rudimentario y dejarnos llevar por el misticismo y la espiritualidad que exhudan estas tierras. En la capital Lhasa además de poder disfrutar de mucha historia y espiritualidad existe un convento que entremezcla la oración con el cuidado del cuerpo. En el Convento de los Monjes de Tidrum podremos, además de cuidar nuestro espÃritu, solazarnos con las aguas mágicas que posee. El monasterio se encuentra enclavado a 4.325 metros sobre el nivel del mar y hasta allà acuden muchos peregrinos para disfrutar de sus, dicen que mágicas, aguas termales.
Al aire libre existen unas piscinas de piedra en las cuales nuestro cuerpo se verá inundado de las propiedades curativas y mágicas de sus aguas. Los visitantes se dejan flotar en las piletas mientras, supuestamente, las aguas mágicas les infunden sus propiedades curativas, supuestas, y las termales, muy reales. Tras el tratamiento de hidroterapia podremos recorrer algunas de las dependencias del monasterio con lo cual podremos admirar los siglos de historia que se esconden en sus recovecos. Los amables monjes nos informarán de la historia del monasterio mientras nos obsequian con unas tazas de té humeante.
Fuente: Viajar Asia |Â Imagen: Viajar Asia
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