Originario de China y descubierto en 1869, el oso panda que llegó a Occidente en 1937 como atracción principal de los zoológicos, se ha convertido hoy en el ícono de los animales en extinción, aunque esta denominación comprende dos especies de carnívoros, el panda rojo y el panda gigante que vive al este del Tíbet y al sudoeste de China.

 

Tal vez su exótica apariencia, sumada a su carácter tímido y amigable, lo han hecho presa fácil para sus captores al punto de que, actualmente, es una especie protegida puesto que en el mundo sólo quedan alrededor de 1.000 ejemplares. Es que tanto la piel como el oso mismo se cotizan a buen precio y son considerados un negocio muy ventajoso.

Así, a sólo 3 horas de la ciudad de Chengdu, en la provincia de Sichuan, se encuentra la Reserva del Panda de Wolong, la más grande y antigua de China, que cubre una superficie de 200.000 hectáreas donde habitan 150 preciosos ejemplares visitados, cada año, por alrededor de 100.000 turistas. Su carácter amistoso hace posible que los niños puedan acercarse para alimentarlos, acariciar sus crías o tocar su piel suave.

En este maravilloso escenario natural el clima es caliente y húmedo, muy propicio para el cultivo del bambú, alimento preferido de los pandas y las montañas que forman parte de la reserva, constituyen otro espacio de conservación de la biodiversidad. Es que la expansión del hombre está dejando al panda sin su hábitat, de ahí la importancia de esta reserva que posibilita el apareamiento y reproducción cuya taza es baja aun en estado silvestre.

Vía: Travel in China

Foto: Vootar 

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