Publicado por: María Belén-

El templo no es el lugar que le pertenece a los hombres, sino a Dios. Es un edificio sagrado que con diferentes diseños arquitectónicos, no hace más que expresar el vínculo del hombre con la divinidad.

En la ciudad de Amritsar, cuyo nombre significa El Estanque del Néctar de la Inmortalidad, y cerca de la frontera con Paquistán, encontramos uno de los mayores exponentes de arquitectura religiosa de la India, el Harmandir Sahib; más conocido como el Templo Dorado o Templo de Oro, debe esta designación a las placas doradas que cubren su fachada y que resplandecen en medio de las aguas que lo rodean.

La estructura se yergue en el centro de un lago, majestuosa, brillante y encantada logrando un efecto sobrenatural que se mantiene en el interior del edificio, también cubierto por placas doradas y magníficos trabajos realizados en mármol.

En El Templo de Oro se oficia la liturgia de una religión conocida como sijismo y sus acólitos, los sijs, deben realizar una peregrinación al mismo al menos una vez en la vida por considerarlo el lugar más hermoso y sagrado. Así, para recibir a los peregrinos y a creyentes de todas las religiones, el edificio cuenta con cuatro puertas que simbolizan la apertura de los cuatro puntos cardinales para todo hombre deseoso de vincularse con Dios.

Los sijs son personas muy hospitalarias y cualquier persona puede ingresar si observa algunas normas de respeto en el vestir y el hacer: basta con usar vestimenta apropiada, descalzarse al entrar y cubrirse la cabeza con un pañuelo de algodón que se facilita de manera gratuita. El visitante, además, no puede consumir alcohol ni tabaco dentro del complejo y debe lavar sus pies en unas piscinas de mármol, ubicadas en la entrada del templo.

Situado sobre un pequeño lago rodeado de un bosque, se eligió esta localización de ensueño se en el siglo XVI pero, a pesar de ello, a lo largo de su historia ha sufrido graves ataques que fueron dañándolo.

En la actualidad, es uno de los lugares turísticos más visitados de la región y los visitantes pueden interiorizarse con los valores hospitalarios de esa religión que recibe a todos sin importar creencia, raza o clase social. Para asombro de devotos y visitantes, los sij ofrecen desayuno, almuerzo y cena en un verdadero acto ecuménico.

Foto: 101 Centavos

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