Publicado por: María Belén

Más de 15.000 turistas llegan cada año a este singular  ‘zoológico de personas’ para fotografiar a un grupo de mujeres pertenecientes a la etnia Kayan, conocidas como ‘Mujeres Jirafa’ o Pandaung, su nombre birmano que detestan.

Sentadas frente a sus chozas exhiben sus largos cuellos cubiertos de aros de bronce exponiéndose a la curiosidad de los visitantes que capturan imágenes con sus cámaras fotográficas.

Las mujeres Kayan, orgullosas de su etnia y su cultura, escaparon en la década de los 90 de su Birmania natal cuando su pueblo fracasó en el intento de independizarse. Huyeron a Tailandia y allí se asentaron con la anuencia de las autoridades que permitía al grupo de refugiados una pequeña actividad comercial consistente en la venta de pequeñas artesanías.

Muy pronto, el interés causado por los gruesos collares empleados para estirar sus cuellos, atrajo cientos de turistas que comenzaron a llegar de todas partes del mundo, cosa que los tour-operadores aprovecharon y explotaron como atractivo turístico. Una atracción que las esclaviza desde hace más de veinte años.

Y es que la mayoría de las mujeres en la actualidad, no quiere llevar aros pero se ven obligadas a hacerlo por los jefes Karen y los tailandeses, que les prohíben abandonar el lugar.

El recorrido por la aldea no es gratis: los hombres se encargan de cobrar la entrada y los beneficios se reparten entre los líderes de la tribu, los tour-operadores y las Mujeres Jirafa que apenas perciben 40 euros de ganancia.

Dada su condición de refugiados y al carecer de tierras para cultivar, para la tribu, ésta es su única fuente de ingresos basada, claro está, en la indigna condición de estas mujeres que no tienen libertad de abandonarla.

Esta actividad ha sido calificada de “denigrante” por varias organizaciones humanitarias. La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas (ACNUR) trabaja desde hace años para intentar trasladar a los Kayan a otros países pero el gobierno tailandés pone serias trabas. Como esta situación no se soluciona, el ACNUR ha hecho un llamamiento a los turistas para que dejen de visitar las aldeas en las que las Mujeres Jirafa son exhibidas como objetos.

Una cuestión que se mueve entre la necesidad y la dignidad humana. Para pensar.

Foto: Página1

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