Capital de Japón durante 1.000 años, Kyoto es fiel reflejo de como la tradición se hace patente en esta ciudad más que en ninguna otra del país nipón, y es que es una muestra más poderosa de la cultura y la historia japonesa con sus más de 2.000 templos, castillos santuarios, palacios y villas.

El Templo de Kinkakuji, conocido como el Pabellón de Oro. El entorno en el que está ubicado, rodeado por un gran jardín y un estanque donde se refleja el templo hace del lugar un marco incomparable. En sus orígenes fue una villa de recreo para el Shogun Ashikaga, pero tras morir, se convirtió en un templo de oración budista. El edificio actual está cubierto de láminas de oro, siendo una réplica casi exacta del original, que fue destruido por un incendio en 1950, tras permanecerse prácticamente intacto cerca de 600 años.

Imagen: Photobucket

El Templo de Kiyomizu, Patrimonio de la Humanidad. Edificado sobre pilares de madera, algunos de los cuáles llegan a alcanzar una altura de 7 metros. Se localiza en la ladera de una montaña desde donde se puede apreciar la ciudad de Kyoto. Observar el amanecer desde este punto es un espectáculo digno de ver.

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El Castillo de Nijo, símbolo de la arquitectura del período Momoyama. Se construyó en 1603 para defender el Palacio Imperial de ataques y también como residencia a los Shogunes Tokugawa. Y el Santuario de Heian, que se mandó construir con motivo del 1.100 aniversario de la creación de Kyoto, y que reproduce el primer palacio imperial del año 799.

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