Publicado por: María Belén-

Como si fueran conscientes de su condición sagrada, alrededor de 40.000 vacas vagan por las calles de Nueva Delhi, India, lentas e impasibles. Con un cansado aire de beatitud cruzan las carreteras o se relajan en una concurrida intersección impidiendo el paso de coches y peatones.

Backpacker ghetto in New Delhi

Lo cierto es que, por muy reverenciadas que sean, la mayoría pertenece a habitantes que no las alimentan y son despedidas porque están viejas y secas, condenándolas a una vida vagabunda atentando, además, contra la higiene de la población.

Con el fin de poner un poco de orden, existe en la ciudad un cuerpo municipal encargado de atrapar las vacas y llevarlas a lugares menos concurridos. Los hombres ocupados de tal menester bien podrían denominarse ‘los atrapavacas’ ya que su misión diaria es capturarlas, trabajo por el cual cobran la módica suma de 119 dólares mensuales.

Y no es tarea fácil (a online casino veces se necesitan ocho hombres para atrapar una vaca callejera) puesto que a la actividad de capturar un animal no sólo se opone el mismo, sino también es motivo de conflicto con los vecinos que no comprenden la razón y resisten de manera violenta para que la vaca no sea retirada del barrio. “A veces la gente no se da cuenta de que procuramos los mejores intereses de la vaca”, declaró el jefe de una de las cuadrillas.

Es que muchas mueren en las calles por ingerir todo tipo de desechos y en ocasiones, dentro de las vacas muertas, se han encontrado restos de vidrio, hierro, alambre, cables eléctricos, zapatos y hasta navajas de rasurar.

Con poco lugar para pastar en el paisaje urbano, las vacas escarban entre los desperdicios de entre los que surge un nuevo y enemigo maligno: la bolsa de plástico con que se empaca la basura y que ninguno de los cuatro famosos estómagos de la vaca puede digerir.

Los atrapavacas en  tanto cumplen su trabajo empleando la táctica del disimulo, tanto para sorprender a los esquivos animales como para evadir la protesta de los indignados vecinos.

Foto: Big trip