Con mucha pena hemos recogido la noticia de que Shintaro Ishihara, alcalde de Tokio, anunció la demolición de uno de los mayores iconos del Japón contemporáneo, el célebre Tsukiji, el mayor Fish Market del mundo.

Con el argumento de que las instalaciones del Tsukiji han quedado anticuadas y no responden a las necesidades del Japón del siglo XXI, el alcalde se enfrenta a la oposición del Partido Democrático que gobierna el país y tiene mayoría en la Asamblea Municipal de Tokio pero, firme en sus trece, ha expresado que si la discusión entablada queda en vía muerta, hará uso del poder que las leyes locales le atribuyen y pondrá en  marcha el proyecto.

Lo cierto es que la iniciativa supone trasladar las dependencias y competencias del mercado al barrio industrial de Toyosu, zona donde los índices de contaminación del suelo por sustancias cancerígenas y otras toxinas, superan los índices permitidos por la ley.

Si bien algo de verdad hay en cuanto a antigüedad de las instalaciones, también es cierto que podría ponerse en marcha un proyecto de reconstrucción del Tsukiji en el mismo lugar de la bahía de Tokio, cerca del barrio de Ginza, columna vertebral de la City, que es donde ahora se encuentra, como una manera de conservar una de las instalaciones icónicas que configuran la cara y la personalidad de la ciudad. Un pulso de la vida, los usos y las costumbres japonesas, un índice de la fisiología, la economía y el metabolismo del país.

Inaugurado en 1935, llegan a los muelles del Fish Market, cuatrocientos tipos de pescado marino procedente de todos los mares del mundo que luego se exhiben  trozados y distribuidos en los mostradores de los minoristas y a donde miles de compradores o turistas curiosos llegan cada día para presenciar la fascinante actividad que comienza de madrugada o bien para degustar los exquisitos platos con diferentes pescados, que ofrecen los restaurantes próximos al lugar.

Foto: Vladimir Dinets

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