Algunas de las más antiguas ciudades y villas fueron construidas con ladrillos de adobe y resulta curioso pensar que numerosas culturas de los cinco continentes emplearon la misma técnica de moldear ladrillos con barro, arena y paja.

La persistencia de este material a lo largo de los siglos, su resistencia al fuego, su carácter aislante tanto de frío como del calor y los materiales baratos que se encuentran al alcance de la mano en todos lados, explican que en pleno siglo XXI millones de personas en el mundo sigan habitando en casas de adobe.

Pero ahora visitaremos Yemen, el país de los Reyes Magos, donde en pleno desierto podemos encontrar unos edificios centenarios construidos en adobe que alcanzan los ocho pisos, apretujados uno junto al otro, detrás de una muralla rectangular. Se trata de Shibam, una ciudad que concentra 500 construcciones únicas en el mundo, consideradas los primeros rascacielos de la historia.

En el centro exacto del Valle de Hadramawt, bordeado por el bíblico mar Rojo y eje de la llamada Ruta del Incienso por donde los Reyes Magos llevaron su aromático campamento, se encuentra Shibam. Surgida alrededor del siglo II a.C, esta singular ciudad edificó viviendas de siete u ocho pisos, apretujadas unas contra otras, un hecho sorprendente por cuanto en ningún otro lugar del mundo se levantaban edificaciones de ese tipo.

La mayoría de los actuales edificios se reconstruyeron sobre los cimientos originales de piedra que pueden tener mil años de antigüedad y en las estrechas callecitas medievales de Shibam no hay espacio para circular con autos, de manera tal que los medios de transporte son de tracción a sangre.

Entre los edificios hay varias mezquitas y entre ellas destaca la Mezquita del Viernes que es el templo más grande ubicado en el corazón de la ciudad. Construido en 753, la mayor parte del edificio actual data del siglo XIV y la torre del minarete del siglo XVI. Esta construcción de ladrillos rojos horneados es única en la ciudad.

La particular fisonomía de Shibam, , la convirtió en escenario ideal para que Pasolini filmara Las Mil y una Noches sin necesidad de armar escenografías y si bien la suciedad y los malos olores suelen desencantar a los viajeros que se atreven a internarse en el país, la experiencia bien vale la pena.

Foto: PS

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