Muy cerca de Shanghai, tan sólo a una media hora en tren, se encuentra Suzhou, la Venecia de Oriente. Marco Polo puso este nombre a la ciudad debido a que el centro histórico se articula entorno a un entramado de canales enmarcados por un canal principal.

La pagoda inclinada, en la Colina del Tigre

Además de dar un tranquilo y relajado paseo en un barco por los canales, observando de cerca la manera tradicional de vivir de todas las familias que habitan en las casas que se encuentran en este centro histórico, Suzhou nos ofrece otros rincones encantadores que no podemos dejar de visitar: de entre los típicos jardines que podemos ver, como el Jardín de las Olas, el de la Política de los Honestos o el de la Pareja de Jubilados, vale la pena acercarse, por ejemplo, al Jardín del Pescador.

El Jardín del Pescador, a pesar de ocupar sólo media hectárea, muestra toda la virtuosidad china para recrear la naturaleza en miniatura. El magnífico patio central está ocupado prácticamente en su totalidad por un estanque, y un estrecho camino serpentea a su alrededor entre la orilla, las rocas y la vegetación. Este jardín, además, permite visitar todas las dependencias de residencia. A las afueras de la ciudad, la Colina del Tigre nos ofrece un precioso bosque de bonsáis en un entorno natural que alberga también la Pagoda Inclinada, un vestigio de un templo budista del s.X. Cuenta una antigua leyenda que en el Estanque de las Espadas se encuentra la tumba del rey He Lu; tres días después de su muerte, apareció un tigre blanco sobre su tumba, el tigre, precisamente, que da el nombre a la colina.

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