A los pies de las montañas de Sayan, en el extremo norte de Mongolia, se extienden las cristalinas aguas del lago Khövsgöl, uno de los paisajes más sobrecogedores y salvajes del Asia Central dominado por la Taiga.
El lago, es una de las grandes maravillas naturales del país y destino preferido por turistas y locales que pueden directamente del lago sus aguas tan puras, sin temor a enfermar.
Sus 136 kilómetros de largo encierran la mayor reserva de agua dulce de Asia, después del lago Baikal, y sus 380.700 billones de litros representan entre el 1% y el 2% del agua dulce del planeta.
Los viajeros suelen hacer campamentos a orillas del lago o parar en la pequeña población de Hatgal al sur del mismo, para establecer un centro de operaciones desde donde salir a explorar la zona.
Dada la geografía del lugar, la mejor manera de hacerlo es a lomo de los pequeños y resistentes caballos mongoles que bordeando las montañas de Sayan introducen más tarde a uno de los lugares más salvajes y aislados que puedan imaginarse.
En viaje hacia el norte el camino se convierte en un sendero marcado por los nómadas y que conduce al territorio de los esquivos Tsaatan.
Atravesando las montañas que marcan la frontera septentrional entre Mongolia y Rusia se accede al territorio de esta pequeña comunidad cuya economía se sostiene en un pilar esencial: el reno.
Se los considera los nómades más pobres de Mongolia dadas las duras condiciones de vida que se vio agravada con la llegada del comunismo porque parte de su cultura, tradiciones y vida cotidiana fueron destruidas y los reñabaños de renos, pasaron a ser propiedad del Estado.
Hasta hace pocos años, los jóvenes sólo se casaban con mujeres de su misma etnia pero ahora apenas quedan apenas unos 200 Tsaatan que ya revelan los problemas de consanguinidad.
Una tierra bella y misteriosa, dominio de los lobos y los Tsaatan que vale la pena conocer.
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